Vasijas de wérregue

Crucelina Chocho Opua
Cesto, 2007
Litoral de San Juan, Chocó, Colombia
Col. Fomento Cultural Banamex, A. C
Fotografía: Manuel Sebastián Crespo Camacho

 

El wérregue es una palma de tronco espinoso a la que se le extrae el cogollo del que se sacan cintas, y de las cintas, hilos. Estos hilos son considerados por los lugareños del Litoral del rio San Juan, en Colombia, como el perfecto material para realizar sus famosas cestas, las cuales son construidas en las diferentes regiones que habitan los indios nonaam wuanana. La zona del bajo rio San Juan es donde esta comunidad indígena se encuentra asentada, y dispersa, junto a las riberas; asentamientos entre los que se cuentan Burujón, Papagayo, Cabeceras, Malaguita, Puerto Pizario, etc.

En la comunidad de Papagayo vive Crucelina Choco; ahí en lo más profundo de la selva tropical, donde muchas de las mujeres dedican su tiempo a la elaboración de cestas chocoanas. El proceso que muchas de ellas siguen, incluida la Gran Maestra Crucelina, empieza con el procesamiento de las hojas de palma wérregue para obtener las fibras que más adelante serán convertidas en hilos y servirán para tejer cestos de diferentes tamaños y grosores, como jarrones. Son piezas muy sólidas, de tejido muy cerrado y compacto, pues originalmente estos cestos eran utilizados para transportar agua.

 

Helena Mercaza Ismare
Cesta, 2007
Antonio Togoromá, Litoral de San Juan, Chocó,
Colombia
Col. Fomento Cultural Banamex, A. C.
Fotografía: Manuel Sebastián Crespo Camacho

 

En los últimos tiempos, las artesanas han estado experimentando con la fusión del wérregue y otros materiales, como la madera de la misma palma, de manera que además de cestos, también están creando una línea novedosa de platos, bandejas y otros artículos con los clásicos diseños waunanas.

Crucelina Chocho Opua
Bandeja, 2007
Papayo, Litoral de San Juan, Chocó, Colombia
Col. Fomento Cultural Banamex, A. C.
Fotografía: Manuel Sebastián Crespo Camacho

 

Los colores tradicionales de las llamadas cocas son el anaranjado y el negro. El primero se obtiene de la semilla del achiote y el segundo mediante un proceso en el que se entierran las fibras en barro o gracias a la tintura del jugo de la fruta de la jagua. Con la técnica de cestería por enrollamiento y costura con aguja, se unen los hilos de wérregue al elemento soporte para levantar el cesto. También se utilizan las fibras vegetales del chocolatillo, otro tipo de palma, con las que se crean otros objetos en forma de hexágonos, trapecios y cuadrados, así como petacas, fajitas y abanicos, de color tierra, rojizos y café oscuro. La fibra del chocolatillo se teje de una forma más suelta que el wérregue.

 

Helena Mercaza Ismare
San Antonio Togoromá, Litoral de San Juan, Chocó,
Colombia
Fotografía: Hernán Navarro Gallego

 

“Vivía en la comunidad de Burujón, a orillas del mismo río San Juan”, cuenta la maestra Crucelina. “Tenía apenas ocho años cuando comencé a tejer al lado de mi madre y unas tías. Tejían y tejían, y yo miraba las manos diligentes y arrugadas de mis mayores. La aguja capotera danzaba entre hilos de fibras de un lado a otro hasta que me maravillaba de ver terminado un cesto bien grande con muñequitos y figuras geométricas.”

Crucelina, desde su infancia, fue alternando el tejido con el estudio hasta que logró terminar la primaria; de adolescente cursó la secundaria y se encauzó hacia la docencia. Actualmente, además de su oficio artesanal, se desempeña como maestra de primaria en su comunidad. “Siempre tejiendo sabiduría, costumbres y leyendas en las vasijas de wérregue, la cosmovisión ancestral de los antiguos. De esta manera nos damos a conocer con la gente de la ciudad y les hacemos sentir y ver que todavía los indígenas existimos en las selvas.”

 

 

Fuente:
Grandes Maestros del Arte Popular de Iberoamérica, Tomo II
Coord. Cándida Fernández de Calderón, 2013.
Editado por Fomento Cultural Banamex, A.C.

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