ALFARERIA TRADICIONAL BAJO LA MANO DE LA FAMILIA LORENZO SALVADOR
Escribamos un poco sobre las manos prodigiosas de los maestros que durante años han sabido labrar obras con el material de arcilla que la naturaleza les ha brindado; el barro. En nuestro país encontramos, un sinfín de alfareros de maestría que se han formado durante generaciones en el arte manual de dominar esta arcilla natural, con la cual crean y expresan su contexto. Una de las familias que ha logrado consolidarse como maestras alfareras es la familia Lorenzo Salvador, 5 integrantes que han aprendido de generaciones pasadas a fabricar objetos de uso practico y decorativo con el barro.
La familia oriunda de San Agustín Oapan, Guerrero, se conforma de 5 integrantes, el padre, don Alejandro Lorenzo Pantaleón, la madre, Josefina Salvador de la Cruz, y su tres hijos, Dolores, Javier y Angélica. Por tradición familiar, todos los Salvador son artesanos de barro, así como la mayoría de la población de San Agustín Oapan. En esta pequeña localidad guerrerense se fabrican ollas, vasijas, figuras en forma humana y de animales (como burros, puercos, toros, guajolotes y pájaros), entre otras formas que son parte del contexto de los habitantes.
Dolores, Javier y Angélica Lorenzo Salvador en su taller
Foto: Fomento Cultural Banamex
Su grácil confección de cada pieza se realiza desde la obtención del barro, el cual se recolecta en las minas que se encuentran en terrenos comunales y de donde se surte toda la población local. Ya estando en casa, ponen a secar el material y luego lo golpean con palos para pulverizarlo; se cuelga el polvo para quitarle las impurezas. Después, se realiza una mezcla con arena, fibras de algodón y agua; la masa se pone a reposar en una cubeta, en la que se mantiene húmeda hasta que el material se hincha y adquiere una consistencia adecuada para ser modelado, totalmente a mano.
Reinas
Foto: Fomento Cultural Banamex
Después de darle forma a la pieza, le dan el acabado puliéndola con piedras lisas o con olotes. Luego las dejan secar entre dos y cuatro días, dependiendo de las condiciones de humedad en el ambiente. Acto seguido, proceden a pintarlas y decorarlas con pigmentos hechos a base de distintos tipos de engobes y tierras propias de la región y que mezclan y pegan, de manera muy particular, con miel de mezquite, una miel clara, casi blanca, que se obtiene de las flores del árbol con ese nombre, y que crece en lugares áridos. Este último paso es uno de los fundamentales que le ha dado la maestría a la familia Lorenzo Salvador, ya que ellos siguen rescatando las antiguas técnicas de pigmentación y decoración; utilizando solamente materiales de su entorno. Aunado a ello, el trabajo de esta familia también desataca enormemente por la calidad de sus piezas, de su hechura y de las historias que relatan cada una de ellas.
Vasija
Foto: Fomento Cultural Banamex
La familia Lorenzo Salvador produce durante todo el año; no tienen clientes regulares ni trabajan con ningún intermediario, pero don Alejandro siempre está en busca de nuevos mercados para vender las artesanías que elaboran. Y, aunque las ganancias y remuneración por su labor artesanal no son lo que debieran y esto los desanima un poco, ellos siguen haciendo sus magníficas piezas y completando el ingreso familiar con sus labores en el campo. Finalmente, los miembros de sus familia han participado en diversos certámenes y han recibido varios premios; llenándolos de orgullo e impulsándolos a continuar con la tradición alfarera de sus ancestros.
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